Seis herramientas no son un sistema.
Un CRM, un WhatsApp, una web, una herramienta de firmas y dos hojas de cálculo. Cada una funciona; ninguna sabe lo que hicieron las otras. ByDomu es la capa que faltaba: una sola base donde todo lo que pasa en tu inmobiliaria deja rastro, y desde la que Noa puede contestar sin inventarse nada.
Todo apunta al mismo contacto y a la misma propiedad
- Contactos
- Propiedades
- Negocios
- Conversaciones
- Agenda
- Documentos
- Dinero
Lo que se rompe cuando la información vive en seis sitios
El mismo comprador escribe por Instagram el martes y por WhatsApp el jueves. Dos asesores lo trabajan a la vez y el cliente recibe dos precios distintos.
Se pierde el leadBajas el precio de un apartamento en el CRM. El portal sigue mostrando el viejo porque nadie lo actualizó allí, y el cliente llega a la visita con otra cifra en la cabeza.
Se pierde la confianzaSe cierra una venta. La comisión del asesor vive en un Excel, la del captador en otro y la de la red en la cabeza de alguien. Al final del mes nadie sabe cuánto se debe.
Se pierde dineroUn asesor se va de la inmobiliaria. Sus conversaciones se van con su celular y con ellas el historial de veinte clientes que estaban a medio camino.
Se pierde la memoriaNoa es la que habla. El cerebro es lo que sabe.
Un asistente de IA sin datos detrás improvisa, y en inmobiliaria improvisar es decirle a un cliente un precio que no es. Noa no tiene una base de conocimiento aparte: lee la misma que usa tu equipo. Si cambias un precio, cambia lo que dice. Si retiras una propiedad, deja de ofrecerla. Sin sincronizar nada.
La misma base, tres trabajos distintos
Abre el día con los negocios ya creados, la visita en su agenda y la conversación entera del cliente. No registra nada: escribe con el cliente y el sistema toma nota.
Ve de dónde vienen los leads, en qué etapa se atascan y cuánto vale el pipeline, con los mismos datos que usa el equipo. No hay un informe que alguien tenga que armar el viernes.
Las comisiones salen del negocio cerrado, no de un Excel aparte. Los contratos firmados quedan colgados de la propiedad y del contacto que los firmó.